Memoria del andante

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Para Claudia y para Ervey, con la gratitud de quienes lo quisimos.

Leni, mi amigo desde 1973, murió la semana pasada. Era de un clan que me aceptó siendo casi adolescente y me deslumbró y me marcó para la vida. Figuras cuya preparación, curiosidad intelectual, compromiso personal y profesional, sentido del humor, valentía y amor por este jirón de tierra que llamamos México, fueron modelos que hoy atesoro.

Fuimos afortunados quienes estuvimos cerca de Leni. En el 2007 me convocó a los homenajes por el centenario del nacimiento de su tío Andrés Iduarte y hace unos meses me pidió el prólogo del muy demorado libro de memorias que finalmente daría a la imprenta. En su recuerdo hoy comparto ese texto:

“Se atribuye a Chesterton la definición de que el periodista es ‘el hombre que se quedó sin oficio’, que entre nosotros se traduce más o menos como ‘aprendiz de todo y oficial de nada’. Esto me vino a la mente cuando revisaba el índice del opúsculo que el gran Leonardo Ffrench Iduarte (sí, así se escribe, con doble ‘F’), Leni para los cuates, ha dado a la imprenta tomando como motivo otro mexicanísimo dicho, que en su caso es bastante literal: Más vale tarde … mismo que me hizo preguntarme si el autor, no siendo periodista, de todos modos cabe en la citada definición.

“Veamos. Leni es hoy un jubilado sin júbilo gracias a un aparato de pensiones que en una ‘modernización’ lo dio de baja, sin duda por decisión de un mentecato que vio en el exótico apellido una agresión a los más altos valores de la mexicanidad. 

“Pero el asalto del anónimo corsario burocrático no melló el gusto de Leni por la vida en Cuernavaca entre buganvilias y palmas tropicales, pitillo en ristre, visitado por sus recuerdos, rodeado de amigos y frecuentes excursiones a la buena mesa, una existencia de paz interna y laissez faire espiritual.

 “Cuando lo conocí hace ya más de medio siglo, era un hiperactivo funcionario del (verdadero) Conacyt que hablaba a mil por hora, brincaba como chapulín de idea en idea y nomás no podía estar diez segundos quieto, cual jumil en comal.

“En nuestro segundo o tercer encuentro pude intercalar algunas frases en la conversación y descubrí que era ingeniero civil. ‘¡Válgame Dios!’, pensé. ‘Igualito que Vicente Leñero. ¿Otro fugitivo del teodolito, la regla de cálculo, la plomada, el atortolador y las escuadras, exiliado a la República de las Letras después del estrepitoso derrumbe de su primera banqueta?’

“Le disparé la pregunta con la falta de tacto de mis veintitantos años. Me barrió con su mirada bicolor y comenzó una larga y detallada disquisición sobre la imposibilidad física de que una banqueta se derrumbara … aunque nada acerca de su vocación ingenieril. Ahí tuve la certeza de que seríamos amigos.

“Pero me estoy desviando de mi propósito, que es el de presentar este libro dizque tardío de Leni y al mismo tiempo introducir al autor a la buena gracia de sus posibles lectores.

“Al primer contacto, Leni transmite una sensación de complejidad, tanto por su cultura ciclópea como por una mente cuyas ideas vuelan como colibríes en busca de néctar en un enorme jardín.

“Me pregunto si Leni es una persona o una comunidad. Ingeniero, funcionario, diplomático que ostenta el rango de Embajador, orfebre del idioma y gambusino de las palabras como propusiera Edmundo Valadés …  y por si esto fuera poco, celoso guardián de la memoria de uno de los grandes mexicanos del siglo pasado, don Andrés Iduarte, su tío carnal, cuya obra se sigue leyendo gracias al hiperactivosobrino. ¿Queda claro el por qué de mi cita de Chesterton?

“Este sentir comunitario se refleja en las páginas que el lector tiene entre las manos. ¿Es una memoria? Sí y no. ¿Es un testimonio profesional? Sí y no. ¿Es un legado para sus amigos y para su familia? Igual. Una sentencia irlandesa dice que las tres más breves huellas son las de un pájaro sobre una rama, la de un pez en un estanque y la de un hombre en el alma de una mujer. Añado que lo único que remonta a la brevedad y al olvido es la letra con la que un individuo consigna su vida.

“Basta recorrer el índice de Las huellas de la andanza … para sorprenderse. Sabrosos títulos como ‘De corrupción, corruptores y corruptelas’, ‘Madrística, madrología, maternograma’, ‘El macartismo … ¿otra vez?’ o ‘El narcisista incomprendido’, se toman de la mano con episodios de cómo algunos compatriotas fueron salvados de la pena de muerte en yanquilandia o los tropiezos y deslices burocráticos de la política exterior que alguna vez fue ejemplar en el continente y en el mundo, o el retrato de  personajes que le fueron caros, como Gustavo Petriccioli y el llorado Pancho Liguori, que tanto enseñó a muchas generaciones, en las que me incluyo, dentro y fuera del aula, y que fue, además de épigramiste extraordinaire, el verdadero progenitor de la célebre Cofradía de los Nivelungos, mérito que hoy ni el propio Leni recuerda … quizá por ser demasiado joven.

“El libro aparece sesenta años después de una conversación de Leonardo con Arturo Azuela cuando le preguntó si no lo inquietaba que sus libros fueran comparados con los de su abuelo, el egregio Mariano Azuela. ‘Me respondió que los retos más difíciles son los que debemos tomar y me preguntó si yo me atrevería a escribir siendo sobrino carnal de Andrés Iduarte, el mejor prosista tabasqueño según los ilustres poetas Carlos Pellicer y José Gorostiza. Le respondí: —No por ahora’.

“Gracias a ese ‘No por ahora’ hoy tenemos este caleidoscopio de la vida de un hombre que si da la impresión de lejanía y complejidad, esta pronto se diluye para abrir la puerta a un jardín en donde Leonardo siempre tiene sillas, buena mesa, amena e inteligente conversación y desde luego elíxires que son los lubricantes de la camaradería por excelencia.

“Tuve la pretensión de analizar artículo por artículo de La memoria del andante … y entrar a la hagiografía de la intriga diplomática o el análisis político del trato que todavía nuestros representantes deben enfrentar de gringos que nos ven como si James Polk siguiera vivito y coleando, pero de inmediato mi musa de cabecera me llamó a capítulo con un atinado zape: ‘¿Pretendes mermar el disfrute de los lectores del libro de tu querido amigo?’

“Así que me he de limitar de recomendar su lectura, en particular a los jóvenes que han puesto el ojo en una carrera que los puede llevar sí a las grandes metrópolis y a los centros de renombre cultural, pero también a zonas de conflicto y sufrimiento a mantener en alto el estandarte de los principios internacionales que nos han distinguido a lo largo de nuestra historia, pues aquí habrán de encontrar sabios y sólidos consejos.”

(Si desea recibir una copia en PDF de Memoria del andante, solicítela al correo juegodeojos@gmail.com)

Leni Ffrench. Foto Magsa.
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